Nostalgia de mi niñez en un pueblo casi olvidado
En la provincia del Cañar, en la ciudad de La troncal que por cierto no se por qué razón pertenece a esta provincia si todos sabemos que La Troncal posee un maravilloso clima tropical o de costa como lo prefieran, existe un pueblito llamado Manta Real, muy olvidado por las autoridades, donde existe una escuela con una sola profesora, que casi nunca llega a la hora de entrada y que termina una o dos horas antes del término de clases, eso no es todo, cuando se va la luz, esta regresa dos o tres días después, hace un mes atrás se pudo concretar con el esfuerzo de la poca gente que queda el lugar, el agua potable algo tan indispensable para todos. A pesar de todo este pequeño pueblito que se está quedando solo por la falta de medios económicos, por las desgracias ocurridas por el último fenómeno del niño que casi acabó con todo, posee una belleza natural impresionante, donde todavía se puede apreciar un cristalino río con muchos peces, animales tropicales como la guanta o la guatusa que cocidos son muy deliciosos, aves de toda clase desde loros hasta pavas del monte como se las llama, numerosas y peligrosas serpientes, y un paisaje natural selvático que encanta. En este pueblo hace 21 años atrás nací yo Ximena García, según mi madre en el último piso de 4 que posee la ex enorme casa de mi abuelo el casi dueño absoluto de todo el pueblo o como lo dirían ahora presidente de ese lugar hace mucho tiempo, nací en el más pequeño dormitorio mientas mi padre escuchaba emocionado como su equipo del alma El Nacional acababa de ganar, mi madre con mucho dolor y solo con la ayuda de una comadrona y sin más, me dio la vida. Después mis padres construyeron dentro de la finca que por derecho le tocaba a mi padre, una casa de madera muy humilde pero muy acogedora, teníamos muchas aves domésticas y otros animales más, entre muchos animales había un chancho pero salvaje que era mi mascota, mis padres cuentan que ella, por que era hembra, me cuidaba mucho incluso más que un perro, no permitía que se me acercaran, trataba de morder si alguien me quería tocar, siempre se metía debajo de mi andador ya que yo tan solo tenía meses de nacida, tengo una foto del recuerdo donde mi madre tenía tan solo 17 años, a lado está un burro y por supuesto el chanco salvaje y otros familiares más, ah y yo por desgracia tuvieron que vender a la chancha que se hizo muy grande . Desde muy pequeña he sido muy apegada a mi padre, cuentan que cuando apenas empecé andar me iba con el a la finca a coger cacao, café o a traer leña. Cuando todo estuvo bien económicamente mi padre hizo construir una casa de ladrillo cerca al pueblo es muy acogedora, tiene patio grande, me refiero a ella así por que sigue existiendo incluso con muchas más comodidades y servicios pero ya no nos pertenece, era muy bonito vivir en ese lugar de paz y tranquilidad, pero después tuvimos que vender todo, ya que mi madre enfermó muy grave, estuvo a punto de morir si no hubiéramos venido a Cuenca para su atención ella quizá ya hace mucho no estuviera aquí, o como mi padre dice tranquilamente hubiéramos podido con solo vender la casa salvar a tu madre, él es el que más melancolía y tristeza tiene de haber dejado su pueblo, su finca, sus animales, dice que teniendo esa finca sería muy feliz, seguiríamos viviendo en Cuenca pero tendríamos un hermoso lugar donde llegar, comer de sus frutas, tener animales y mucho más.
Casi toda mi familia vendió sus tierras según ellos para crecer económicamente y darles estudio a sus hijos y hacer una nueva vida, todo eso lo hubieran logrado sin despojarse de su tierra que les vio nacer.
Siempre en vacaciones nos vamos a visitarle a mi abuelita Elvia y a mi primo que apenas tiene 3 años ellos son los únicos de mi familia que permanecen allí, a pesar de su edad ella dice sentirse feliz y que nadie podrá sacarla de ese lugar, mi madre y mis tíos muchas veces la han querido traer a vivir en la ciudad pero ella se niega rotundamente, quizá por el amor a su tierra que ha muchos nos vio crecer. Me olvidaba, dos horas más a la montaña viven la mayoría de tiempo mis tíos, tienen una molienda de esas en las que se hace el trago o aguardiente, miel, panela, y muchas cosas más, gracias a Dios nadie de mi familia bebe sino tendrían todo el tiempo de donde beber, en tiempo de molienda es decir de cosecha de caña, siempre que podemos nos reunimos toda la familia y nos vamos, ahora es mucho más fácil llegar por que acabaron de hacer una calle donde ya se puede manejar, a pesar de esto hay que caminar como una hora o subir a caballo, años atrás me acuerdo que caminamos como tres horas y media era muy cansado pero muy emocionante, a mi me encanta esas aventuras, podemos ir encontrando toda clase de insectos, animales como las ardillas, que hay muchas en los árboles, el hermoso río Patul con todos sus peces, flores silvestres y muchas otras cosas. Cuando llegamos a la molienda todo es hermoso, el olor a caña dulce, te hace que enseguida pruebes unas cuantas hasta hartarte, podemos montar a caballo todo el tiempo que queramos, sacar leche de las vacas que dan un poco de miedo, pero solo al principio, cuando llega la noche el sentir ese clima tan acogedor y todos los sonidos de los insectos y los pájaros, todo eso me llena de nostalgia cuando recuerdo los maravillosos momentos de mi niñez cuando vivía en Manta Real.
Por: Ximena García
Quinto Ciclo "B"
COMUNICACIÓN SOCIAL
