La cueva de los Incas
Por: Veronica Idrovo
Las historias de nuestros abuelos nos transportan a distintas épocas. Nos llevan muchas de las veces con su imaginación a idear lugares y hechos fantásticos que divierten por unos minutos a sus hijos y nietos; pero siempre dando una enseñanza a su paso. La versión que a continuación presento, esta basada en el relato de Gorge Alvarez, el cual nos cuenta una anécdota que nació en el cantón Cuenca, en un lugar llamado “Churuguzo” hace unos setenta años aproximadamente. He preferido dejar el relato en primera persona para conservar su esencia!!!
LA CUEVA DE LOS INCAS
La cueva lleva este nombre desde cuando mi papi, mi suegro y el abuelo de mi mujer: Salvador Alvarez, Ignacio Alvarez y Miguel Mendoza (respectivamente), por curiosidad deciden investigar que existe en aquel lugar, por que parecía que desde ahí lanzaban piedras hacia el río. Mientras pensaban la manera de subir hasta allá, observan que en la peña existe un tipo de graderío edificado por los mismos Incas en un cascajo o roca dura.
Suben, y estando ya en el interior de esta construcción, empiezan a cavar encontrando así a escasos metros, una fosa circular rodeada de piedras, en la cual permanecía intacto el cuerpo de un ser humano que reposaba en una posición algo peculiar: Estaba sentado, sus piernas en cuclillas, con su mano colocada en su quijada. Cuenta mi papá que tomó entre sus manos el mentón y la parte posterior del cráneo y empezó a sacarlo íntegro; pero, como “el cuerpo del cristiano” ha sabido secarse y hacerse como un dedito de la mano –así de frágil- y también como la posición del esqueleto no era recta, sus rodillas habían rozaron a un lado de la excavación provocando así que el cuerpo se deshaga. Mientras continuaban desmoronando el cimiento, hallan una “piedra plancha” grande; pero al darse cuenta que el caudal del río aumentaba y estaba llegando a la cueva por la constante lluvia que caía aquel día, asustados dicen: “Dejemos que sea mañana y si es que escampa y baja el río, venimos a terminar de cavar”... regresando así a sus casas.
Recuerdo, que como antes no teníamos gas, se acostumbraba a cocinar con leña; ésta era recogida por las personas todos los domingos y en las orillas de los ríos después de un fuerte aguacero. Después de aquella lluvia, Virgilio Morales – un señor que vivía en “Cochas” un lugar cercano a Churucuzo- recogía cerca de la cueva algunos palos para llevar a su casa; pero al ver las piedras que votaron y las gradas que estaban ahí, sube también por curiosidad y observa la piedra plancha y los huesos que ya habían sido puestos a un lado. Con su machete en mano comienza a deshacer un tipo de costura entre la tierra y la piedra; cuando consigue retirar esta piedra observa una tinaja de barro ilesa, que llevaba en su interior “chicha”. Al ver el estado de esta bebida, don Virgilio no duda en bebérsela, coge su poncho y toma las riquezas con las que fue sepultado aquel individuo y sale de ahí. Cuentan que no llego a su casa, por que ha pensado: “si hago saber a mis hijos y a mi mujer, a lo mejor me quitan, mejor voy a dejar enterrando”
Dicen que la plata y el oro antiguo cuando eran desenterrados, expulsaban un vapor que traía una enfermedad conocida como “Antimónia”, la cual hacia que el cuerpo de la persona se hincara increíblemente.
Contaba su familia que al segundo día, Virgilio sintió molestias en su cuerpo, puesto que al pasar las horas, se iba aumentando su volumen corporal. A los tres días del hallazgo falleció y nunca reveló a su familia el lugar en el que enterró el tesoro encontrado. Después de esto, muchas personas subieron a la cueva a buscar el resto de las riquezas encontradas por aquel humilde hombre, pero bajaban decepcionadas al no obtener nada.
Ahora la cueva es de mi hermano Miguel, porque lo compró a don Ignacio Salto; ya no existen las gradas que conducen a la entrada de la cueva; pero se dice que de esa misma cavidad, hace años rodó una gran roca, la cual tiene en el centro como un tipo de costura que se ha formado al unir dos “piedras morochas” (macizas), para hacer esta envoltura que proteja el supuesto diamante que fue escondido por los mismos Incas que habitaban en el lugar. “PERO, ESA ES OTRA HISTORIA QUE GUARDA EL LUGAR EN EL QUE YO VIVI: Churuguzo”. Algún día si les interesa la contaré.....
